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PASCUA DEL H. JESÚS SANZ

En la mañana del 2 de agosto de 2021, el H. Jesús entregó su alma tras sufrir un infarto repentino.

Transcribimos el texto que sirvió de introducción a la Eucaristía en el día de su funeral.

 

 

Querido H. Jesús. Cuando hace unos días llegaste a Valladolid y quisiste hablar conmigo, me insististe en que tu presencia en esta casa sería hasta que Dios quisiera. Aún te recuerdo enumerándome tus achaques y dolencias como medallas de una guerra bien librada después de estos más de 64 años de consagración al Señor como Hermano de la Sagrada Familia, y diciéndome con fe una vez más “yo estaré aquí hasta que Dios quiera”. Así eras, un ejemplo de fe y de esperanza entregada a Dios, que hoy nos deja un poco más solos.

 

Me gustaría traerte en este momento a tu familia, siempre presente en tu vida, y a los Hermanos y conocidos que hoy lloramos tu pérdida: han sido muchos los mensajes de condolencia de profesores, catequistas y antiguos alumnos que han querido sumarse a nuestra oración, recordándote como aquel profesor incansable de Lengua o de Historia, o del insistente maestro de monaguillos, o del Hermano de presencia callada, fiel a la oración, a la contemplación y al rezo del rosario diario por los pasillos de la comunidad.

 

Quiero que sepas que la soledad que nos deja tu partida, se llena de esperanza al saber que tu eterna presencia en brazos del Padre, junto a la Sagrada Familia, al H. Gabriel y el Santo Cura de Ars, del que eras tan devoto, es nuestra garantía de contar con un Hermano más que nos cuida y nos mira desde la eternidad como aquel que ha recibido la corona merecida.

 

Me gustaría terminar con unas palabras recogidas del Prólogo de nuestras Constituciones, sabiendo que hoy nos hablan de ti.

Como hermano y como amigo,

educa y guía a los jóvenes

con tu presencia permanente y cercana.

 Por la catequesis

y las celebraciones litúrgicas,

abre el camino que lleva al misterio de Dios

y les inicia en su experiencia.

 Esfuérzate para que el hombre nuevo

nazca en cada corazón,

como lo hicieron María y José

consagrando su vida a Jesús.

 

 

Que la liturgia,

tu respeto al clero,

tu entrega al trabajo,

manifiesten claramente tu fe.

Que tu amabilidad hacia los fieles,

tu servicio desinteresado,

tu piedad profunda,

se ajusten al modelo que ofrece

el joven Gabriel en Belleydoux.

 Sé constante en tu elección de Dios.

Aunque haya temores,

peligros y apatías en tu vocación,

que jamás se de en ella la cobardía.

Gracias, H. Jesús por tu vida entregada, por tu fidelidad y por tu presencia.

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