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50 ASAMBLEA NACIONAL DE FEAMPA, BURGOS 2021

El sábado 6 de marzo ha tenido lugar de forma telemática la quincuagésima Asamblea Nacional de la Federación de la Asociación de madres y padres de Alumnos de los Colegios de los Hermanos de la Sagrada Familia. Trascribimos el saludo del Animador General enviado desde Ouagadougou en Burkina Faso:

Estimadas Madres, Padres, Hermanos y Profesores participantes en la 50 Asamblea Nacional de la Federación Española de madres y Padres de alumnos de los Colegios de la Familia Sa-Fa de España.

Os quiero hacer llegar mi felicitación por este 50 Aniversario. Quiero reconocer en esta efeméride el fecundo camino realizado en estos 50 años. Las realidades conseguidas son la suma de muchas voluntades de muchos padres, madres, Hermanos y profesores que reunión tras reunión y actividad tras actividad han hecho realidad un rico legado de educación compartida y de saber caminar en Comunidad Educativa y en Familia Sa-Fa.

En estos 50 años hemos sostenido juntos nuestro compromiso con la educación. Llegar hasta aquí y contemplar una larga historia, llena de muchas pequeñas historias que han hecho crecer a niños, jóvenes y familias, ha sido posible gracias al apoyo mutuo entre profesores, institución titular y familias para sacar adelante un proyecto de formación y de educación.

Todo ha sido sostenido con un gran esfuerzo coral, pero no lo hemos sentido como un peso o una carga, sino con la intensidad y la exigencia que supone estar tocando lo más valioso de la vida. Viene a cuento el testimonio, muchas veces mencionado, de aquella niña de cinco años en Tanzania que llevaba sobre la espalda a su hermanito de dos años y cuando el visitante europeo le preguntó escandalizado: “¿Cómo puedes cargar con un peso tan grande?”, le contestó: “No es un peso, señor, es mi hermano”. Desde esta visión las obligaciones de la educación se vuelven entrega apasionada y, la mayor parte de las veces, gozosa. El sujeto a quién hemos destinado nuestro esfuerzo en la acción educativa: el alumno o la alumna, el hijo o la hija, la persona en definitiva… justifica la suma de voluntades de la familia y de la escuela.

Ante la caída ambiental de la visión humanista de la educación, desplazándose hacia parámetros tecnológicos, pragmáticos o ciudadanos, nuestra visión de la educación sigue siendo una afirmación del ser humano. Educamos a la mujer y al hombre, a la persona. Su propia realización en cuanto tal. Un concepto de educación de la persona que pertenece a la entraña del cristianismo. Desde esta visión, decía Rof Carballo: “la familia es la que nos proporciona la urdimbre que nos marca la vida”. Nos pone el sello básico, el primero. Lo que venga después siempre será sobre la primera huella marcada por la familia. La persona, antes que ser alumno, ha sido hijo querido. Y una vez dado lo básico, un amor incondicional, la escuela comienza su tarea de construcción de otros parámetros del ser humano para el desarrollo integral de la persona.

Nuestra escuela Sagrada Familia siempre ha trabajado en esta dirección. Nuestro Proyecto Educativo Sagrada Familia nos recuerda que el objetivo de la educación está en el desarrollo integral de la persona, en todas sus dimensiones: psicológica, intelectual, corporal, espiritual, relacional y social. El alumno es, por tanto, en cuanto persona el centro y objetivo del quehacer educativo. La educación tiene que preparar para la vida y por supuesto para la vida profesional, pero desde la formación del ser humano en cuanto persona, que es su primera y más importante vocación. Para ello se hace indispensable seguir caminando juntos: Familia y Colegio.

Quiero recordar en este momento unas palabras del celebrado discurso de Mario Vargas Llosa en la entrega del Premio Nobel de Literatura en 2010: “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio …. Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir, aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba”.

Este sugerente recuerdo, nos evoca la importancia de la familia y de la escuela en la vida de nuestros niños y jóvenes. El hermano Justiniano, su madre, su abuelo Pedro y su tío Lucho fueron protagonistas de un proceso educativo. Es un ejemplo más que demuestra la interrelación de personas que actúan en la educación de una persona. Y es que todos somos hijos de nuestra historia y de nuestras relaciones. Las relaciones del niño y del joven con la familia, con la escuela, con los compañeros y con la sociedad van construyendo el universo de saber que la persona hace suyo. La familia y la escuela, unidas, tenemos mucho potencial educativo si conseguimos sintonizar en la misma onda y empujar hacia la misma dirección.

Es de reconocer, en todos nuestros colegios, el esfuerzo de los profesores y de las familias para seguir ofreciendo una educación que responda a los tiempos que nos desafían. Con motivo de esta pandemia estamos viendo, con más claridad aún, la importancia que tiene el sumar esfuerzos entre familia y escuela. Nuestro compromiso con la educación hemos de seguir sosteniéndolo con el apoyo mutuo entre profesores, institución titular y familias para sacar adelante un proyecto de formación y de educación que necesita estabilidad y continuidad, aunque los avatares políticos y económicos no sean propicios y debamos hacerlos frente. Siempre con la mirada puesta en el interés y en el beneficio del alumno.

La educación presupone y comporta una determinada concepción del hombre, de la sociedad y de la vida. Por ello nuestra oferta de escuela Sagrada Familia tiene que cuidar su identidad y los elementos diferenciadores que ayude a los equipos directivos, a los profesores y catequistas a definir su misión y los objetivos de la misma. Pero también ayudará a la libre elección de la familia del tipo de educación que quiere para sus hijos y al educando a buscar su identidad en medio de un panorama plural.

Aprovecho esta efeméride para invitaros e invitarme a sostener la Asociación Internacional Sagrada Familia (AISF). Hemos de hacer los esfuerzos necesarios para sostener su funcionamiento y alcanzar los objetivos que fijan sus Estatutos. Reconozco las dificultades, y especialmente en este momento particular, pero no podemos perder la riqueza que la AISF nos ha dado y que puede darnos en el futuro en un mundo globalizado.

Para terminar, os invito una vez más, a mirar a la Sagrada Familia como modelo donde aprenderemos a vivir las pequeñas virtudes de lo cotidiano: la sencillez, la atención al otro, la colaboración al proyecto común, la ayuda, el perdón, la oración, el trabajo callado; que son grandes virtudes por su eficacia educadora. Os invito, así mismo, a mirar al V. H. Gabriel en su fe en Dios que acompaña nuestro caminar y en su fidelidad al ideal de la educación y de la evangelización.

Enhorabuena por estos 50 años y os deseo una Feliz Asamblea.

Ouagadougou, 6 de marzo de 2021

  1. Francisco Javier Hernando AG

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